SALUD Y BIENESTAR

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1º) Los padres deben ser amigos de sus hijos

Los padres, ante todo son padres. Ello conlleva una serie de deberes y derechos desde el rol de padre que es muy diferente al rol de amigo. Un amigo es básicamente un igual, es decir, un joven de la misma edad que nuestro hijo con el que comparte muchas de sus vivencias y que en esta etapa de la adolescencia constituye uno de los modelos más importantes de referencia en detrimento de los padres. 
A partir de aquí los padres pueden tener un buen clima de entendimiento con su hijo adolescente, escuchando sus problemas e intentando ayudarlo pero no como un amigo sino desde la responsabilidad adquirida ya desde su nacimiento, crianza y posterior educación. Los padres tienen pues una responsabilidad legal y están obligados a proporcionarle todos los cuidados materiales (alimentación, casa, ropa, higiene, etc.) y psicológicos (educación, afecto, etc.). Un amigo puede aconsejarnos, un padre debe además tomar decisiones por el bien de sus hijos aunque estas sean dolorosas. 

2º) El Síndrome del nido vacío
Con frecuencia nos encontramos con padres que afirman que sienten un gran desazón por que su hijo/a adolescente quiere estar menos con ella y se muestra poco o nada ya cariñosa. A veces también ocurre que hay conductas rebeldes, de enfrentamiento y cuestionamiento de la autoridad de los padres. Ante este escenario de cambio en los hijos, algunas madres suelen lamentarse con expresiones como: “He dedicado mi vida a cuidarlos, renunciando a todo y así me lo pagan…”. 
Ciertamente algunos padres pueden sentirse así pero deben tener en cuenta que estos cambios forman parte del curso evolutivo “normal” del niño y nuestra tarea es acompañarles en todo el proceso de transición a la vida adulta, comprendiendo sus cambios pero también sabiendo poner límites y un cierto orden. 
También comentar que los padres nunca deberían renunciar a su propio proyecto personal en aras de dedicar toda su vida exclusivamente a sus hijos. Esto es un error. Si queremos ser unos padres fuertes, unos modelos seguros y coherentes para nuestros hijos, debemos ser capaces de pensar no solo en ellos sino también en nuestro bienestar como personas individuales. Unos padres que combinan la dedicación a sus hijos con el trabajo, actividades lúdicas, deporte, cuidado personal, etc. son padres que los jóvenes admiran y respetan más que padres que se han abandonado en todos los aspectos con la excusa de “sacrificarse”, de forma mal entendida por sus hijos.

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Tenemos que saber hablar con el adolescente pero no hay que forzarle a que explique sus problemas. El adolescente necesita su propio espacio de intimidad. Como padres podemos recordarles que estamos ahí para hablar con ellos y aconsejarles cuando así lo decidan o lo necesiten pero no funcionará si ellos viven esta demanda como una imposición. Si las cosas antes de la llegada de la adolescencia se han hecho bien y se han establecido unos correctos lazos afectivos, el joven acudirá a sus padres cuando lo necesite.Reforzar su papel dentro de la familia. Hemos dicho ya que el adolescente no es un niño sino un joven en transito hacia la adultez. Por tanto, démosle cierto protagonismo en casa, escuchemos sus opiniones, dejémosle participar en la toma de decisiones, fomentemos su autonomía.Si tenemos cualquier conflicto con un adolescente, es importante no imponer, al menos de entrada, nuestro propio criterio a la fuerza y desde la perspectiva adulta. Cuide las formas (evite alzar la voz aunque tenga que ser contundente en su decisión). La estrategia consiste en aportarle otros puntos de vista con argumentos suficientes para que él elija su camino con mayor conocimiento, pero que sea él quien tenga la sensación de que participa en la decisión. Esto es lo más eficaz. Dado que los padres, en esta época, no son los principales modelos de referencia, lo van a tener un poco difícil y no siempre será fácil cambiar determinadas cosas. Al final los padres tendrán que imponerse en algunas situaciones y adaptarse a otras que de entrada no deseaban (el hijo empieza a fumar, beber, quiere un tatuaje, un piercing, etc.). Insistimos aquí en la necesidad de ser flexibles (tolerar alguna cosa a cambio de evitar otras).No se trata tampoco de que los padres tengan que estar negociando siempre cualquier cosa con sus hijos adolescentes. El adolescente debe saber que su opinión es importante para nosotros, la escuchamos y cedemos cuando es razonable y creemos que se lo merece, pero la última decisión deben tomarla los padres.En esta etapa suelen ser muy buenos manipulando, a veces afectivamente (me voy de casa…), a los padres, para aprovecharse de sus debilidades o las circunstancias. Esto lo vemos más en adolescentes cuyos padres están separados y utilizan a uno y otro para ir consiguiendo sus objetivos inmediatos (ir a la discoteca, llegar más tarde a casa, conseguir dinero, etc.). Al respecto la mejor orientación es que ambos padres, al menos en lo que se refiere a la educación de sus hijos, compartan la información, las normas, los límites y tengan unos mismos estilos educativos.No olvide usted como padre ser un modelo seguro, estable y coherente con aquello que le vamos a pedir. Si usted es un padre inseguro (a veces castiga las pequeñas cosas e ignora las grandes, se muestra inseguro en aquello que le permite hacer cambiando los criterios día a día según como esté, etc.) difícilmente podrá tener una buena relación con su hijo adolescente. Predique con el ejemplo.Nunca discuta con un adolescente cuando esté alterado o usted mismo se encuentre nervioso o fuera de sí. Hemos comentado ya que en los adolescentes la explosión de hormonas puede facilitar expresiones extremas de rabia o furia (portazos, golpes, etc.). Por tanto si añade más leña al fuego tendremos más calor. Espere a que se haya calmado para establecer el diálogo y/o las correspondientes consecuencias (reprimendas, castigos, etc.).Los padres no son amigos de sus hijos. Ante todo son padres y eso supone, a diferencia del amigo, que tiene unos deberes y obligaciones legales hacia él, lo que supone tomar decisiones en función de las necesidades del menor. Los amigos aconsejan, los padres deciden aspectos importantes de la vida de sus hijos. Eso no impide una buena relación afectiva.Cuide su propio proyecto personal. Padres implicados en actividades lúdicas, aficiones, deporte, cuidado personal, etc, independientemente de la atención hacia sus hijos, suelen ser unos modelos más admirados y respetados por los adolescentes.En la adolescencia ya hemos comentado que suelen aparecer conductas un poco desafiantes hacia los padres u otras figuras de autoridad dentro de un contexto evolutivo “normal”. No obstante, si estas conductas son de alta frecuencia e intensidad y persisten en el tiempo alterando significativamente la convivencia familiar, consulte a un profesional de la psicología.

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